sábado, 9 de octubre de 2010

viaje al interior

- ¿Y qué ha hecho? Me preguntó un amigo.
- Durante la tarde me convertí en el líder de una pandilla de escarabajos gigantes. Mi coraza azul entonaba con mis alas púrpuras y mis patas peludas y rojas causaban terror. Me seguía mi ejercito ciego de color negro y blanco, más grandes que yo. Devorábamos lo que nos topábamos, sin distinción, edificios, niños y ancianos.
- ¿De qué habla imbécil?
- Abrí los ojos y me encontré en el bus, de camino a casa. Luego volví a cerrarlos y cada fotón de luz amarillo rojizo, danzaba alegre tonadas caribeñas con mis temores. La quietud se desangraba y la acción se erguía como un impotente templo sagrado. Mío, sólo mío.
- ¿Qué consumió?
- Ojalá fuera tan sencillo. Es la vida y sus realidades atravesándome el cuerpo, desnudándome el espíritu, desprendiéndome de las seguridades. De nuevo cerré los ojos y nadé como un pez huérfano en la inmensidad del océano. Me importaba un comino si me invadían las corrientes del pacífico o si me esperaba la Atlántida perdida, sólo nadaba y nadaba y nadaba. Ni para atrás ni para adelante. Sin rumbo, dichoso de poder nadar. Un día, por suerte, un cardumen de atunes me alegró el solitario camino hasta que un tiburón sembró el miedo. Pude refugiarme entre un coral, custodiado por una vieja amiga, la anguila más joven del lugar. Murió también despedazada por los dientes del tiburón que siguió mi olor cumpliendo su naturaleza asesina y muerto de ira por mi, aquel escurridizo pez.
- ¿Qué pasó luego?
- Me costó trabajo reconocerlo, pero puedo vivir ahora que comprendo la fragilidad de la existencia. Un devenir sin fin de muerte y vida. No me escondí, salí a ver al tiburón a los ojos, contento por morir en boca de tan asombroso, fuerte y ágil animal. Pero no. Me olfateó, amenazó mi suerte sonriéndome con ferocidad e ironía. Me decía a mí mismo: sí, cómeme, devórame, he nadado y conocido todo lo que quise, moriría dichoso en el ciclo interminable de la existencia, de la vida, del cosmos. Abrí los ojos y el sol rojo e incandescente nubló mi vista y vi alejarse el tiburón bajo una nube de arena y espuma.

jueves, 24 de junio de 2010

Cursito de bolsillo para vivir mejor

Me levanté ese día desahuciado, algo frustrado con mis intereses altruistas y un poco triste con la vida. Me preparé un café y el aroma me distrajo un poco mientras leía el periódico; las mismas noticias, los mismos personajes y las mismas intrigas políticas. Leí con detenimiento los clasificados buscando un empleo y entre simples descripciones de ofertas para psicólogos de selección, qué digo, para ratones de selección, capturó mi atención un aviso que ocupaba la cuarta parte de la página que titulaba así:

¿Aburrido de la vida? ¿No le cree a los cursos de auto-liderazgo y superación personal?
Vincúlese a nuestra comunidad y comprenda el poder del amor.

Me dije a mi mismo: ¡Qué carajos! Ya todo lo he intentado ¿Qué podría perder? Me vestí sin bañarme después de averiguar la dirección del lugar y salí sonriente. Pasé por el centro comercial y saqué el dinero para la matrícula -la comida y el transporte del mes- y me importó un comino que no tuviera luego para pagar los servicios. Llegué con tufo de un bareto que me había fumado antes de entrar y amable le pagué a la recepcionista la primera cuota. Me dijo que me sentara y esperara porque en veinte minutos empezaría la primera sesión. Observé que todos los presentes eran jóvenes de rostros tristes y avergonzados. Ninguno miraba al otro, mas bien se distraían jugando con sus manos, de pronto ojeaban alguna revista o miraban el horizonte, absortos en sus propias mentes. Eramos seres frustrados en la vida, sin fábula alguna, convencidos de la ironía racional de la existencia. Me decía a mi mismo recordando una frase, creo que de Efe Gómez: "Vida, cuento narrado por un tonto, posees un gran bien: concluyes pronto". Cuando había decidido irme de ese lugar deprimente la misma recepcionista nos invito a pasar al auditorio.

El lugar distribuía las sillas exactas para los presentes en el salón principal. Frente a éste, una tarima no muy alta nos veía por encima del hombro y un telón permitía la proyección de un pareja, él negro y ella blanca, sonrientes, felices. Comenzaban las nauseas. Luego, un hombre bien vestido y de buen humor empezó su discurso.

Tantas veces hemos pedido al cielo un regalo y tantas veces nos lo hemos negado a sí mismos. Tantas veces comprendemos que la vida es corta y tantas veces cegados por los deseos de un mejor futuro hacemos trisas el aquí y el ahora. Tantas veces nos hemos negado a amar y amarnos, creyéndonos frívolos e irracionales.

Tenía razón. Pero había escuchado millones de veces el mismo cuento que ya era sólo cuento. Luego de un rato se calló y haciéndose a un lado comenzó la proyección de un video. Primera premisa: somos únicos. Segunda premisa: deseamos "lo otro", aquello en lo cual no podemos influir o controlar. Tercera premisa: El miedo es rídiculo. Cuarta premisa: ni la recuerdo. En mi mente fantaseaba con Moisés encima de la montaña, el cielo en llamas y el par de piedras iluminadas por Zeus.

Lo último que escuche antes de huir y no he podido olvidar durante toda esta semana era un error metodológico, así lo comprendí al principio, un equívoco en talleres con naturaleza de choque reflexivo. Anunciaban el último aprendizaje asegurando lo siguiente:

Para los más críticos y racionales... No se responsabilicen por el hambre y la injusticia en el mundo porque cuando se enamoren, les importará poco qué tipo de sociedad es la mejor para conservar la equidad y el desarrollo. Después, comprenderán que no habría hambre si en verdad aprendiéramos a amarnos unos a los otros.

Todavía y siempre seremos niños.

martes, 15 de junio de 2010

La ballena escribiente

Siempre hemos discutido (digo hemos refiriéndome a la Humanidad) los motivos de la escritura. Mas todavía, millones de eruditos han hecho extensos discursos sobre famosos escritores tratando de descifrar el contexto social e histórico, los elementos personales y familiares que posibilitan un buen escritor. Tantos hemos supuesto influencias energéticas, divinas o demoníacas, a cada una de las mejores obras de la literatura. No contentos con los resultados de tan dispendiosa investigación, miles nos hemos permitido la experimentación literaria con la esperanza de comprender en carne propia el ejercicio íntimo que le corresponde a esta actividad de sumar letras, puntos, comas y exclamaciones al pensamiento y sus experiencias. Ya sin temor resuelvo que mi escritura es una confesión de mis amplias dificultades para hablar, sentir y pensar. También la confirmación de un temor profundo a la acción, y por lo tanto, a mí mismo. Escribo a pesar de mí mismo. Porque preferiría ser un orador a la vida, un agricultor de ideas y proyectos y no simplemente un comentarista espectador del devenir de los hombres y las mujeres. A veces, en esos días, cuando en la garganta se arma un nudo, los recuerdos enceguecen el siguiente paso y el arrepentimiento por tantas cobardías cometidas pesa, vuelo ligero en una nube de desconsuelo y desilusión y regresa la necesidad de mis letras. Alguna vez escribí orgulloso que no buscaba la ayuda experta de la psicología, ahora necesito alguna fábula que me permita vivir con sentido. Un gran amigo a quien admiro a pesar de su vanidad y la mía, escribió que el fenómeno fundamental de la existencia es definirse. Definirse. Definirse. Desde todos los flancos de la historia y la existencia, la humanidad ha coincidido en la importancia de la búsqueda de sí mismo. Sin embargo, ésta, mi búsqueda es esquiva cuando advierto la tormenta que se desataría. Suena como si guardara tantos secretos, como si hubiera vivido 24 años de espaldas al mundo. La definición de si mismo, dicen, es libertad en cuanto se asume una autonomía y la consiguiente responsabilidad sobre los propios actos. Para dar el primer paso me inventaré, no una fábula sobre la búsqueda de sí mismo sino un mito de definición.

La ballena, rey del océano, nadaba pacientemente sobre las aguas de su reino. Los tiburones braveaban al verla pasar porque jamás confiaron en su reinato de compasión. Los pequeños peces, presas habituales de los tiburones, felices le rendían honores con banquetes de plancton. Su reino era envidiable por la ausencia de conflictos y enfrentamientos, sin embargo, el reino cada vez se hacía mas pequeño de tantos peces y los grandes depredadores morían de hambre. Al terminar su recorrido fue donde el pulpo, el oráculo de su reino, a contarle un sueño en el cual su gran cuerpo era devorado por todos los peces. El pulpo salió de su cueva a buscar un artefacto que prometía una respuesta para el sueño de su rey, cuando regresó lo acompañaban los tiburones que solemnemente le dijeron: tu sacrificio retornará el equilibrio y tu honor se preservará junto a tus inmensos restos en el fondo del océano.

martes, 8 de junio de 2010

Cortometraje

A veces quisiera tener la lupa privilegiada del poder. O más bien, contar con un huequito que me permita fisgonear la vida familiar de Santos o Uribe. La de Mockus ni me la cuestiono porque varias veces su esposa ha salido a contar que Antanas le dice a sus hijas: “o te autoregulas o nos toca regularte”. Qué aburrido sería ese cortometraje, puras citas a autores y libros, girasoles y lápices. Preferible un apartamento inmenso en Rosales donde pueda observar los consejos de papá Santos a sus hijos: Estudien mucho para que mis nietos también puedan ir a la finca en helicóptero. Lo siento, sé que pequé de caricaturista evocando escenarios comunes, así como Mockus cuando puso a canturrear a su público el 30 de Mayo en la noche “Más agua, más verde, más cultura…” como si estuviéramos en kínder otra vez haciendo una plana ¡Pero es que cómo se atreve ese profesor tan bruto de hacernos cantar cosas tan obvias¡ Tristemente la realidad nacional contradice la plana de Mockus. Pero bueno, mejor volvamos al huequito ¿Qué pensará la hija de Santos, muchacha bonita que saludó de besito al sindicalista vicepresidente sabiendo que nueve de cada diez sindicalistas asesinados en el mundo son colombianos? ¿Qué le habrá preguntado al papá cuando emergió el escándalo de los falsos positivos? No necesitaría de mi voyerista huequito para saber la respuesta: Mijita, ese patrón del que hablan es una causalidad, perdón, casualidad, porque la Seguridad Democrática en intachable, no es culpa de las políticas del Gobierno que unos soldados de bajo rango maten civiles para cobrar dinero. Quiero ver cómo duermen, en el caso de Santos porque al parecer Uribe sólo trabaja, trabaja y trabaja. Cómo cierran los ojos ¿les gustará la almohada fría o tibia? ¿Qué libro estarán leyendo? ¿Apretarán otra almohada entre las piernas o de pronto dormirán entrepiernados con su esposas? ¿Tendrán pesadillas? Supongo que soñarán todos los días con una Colombia por fin pacificada de tanta subversión. Me encantaría saber si leen las cartas que tantos colombianos les hacen llegar, pidiéndoles televisores unos, otros rogándoles que por favor les hagan el acueducto que prometieron en el consejo comunitario y otros atrevidos exigiéndoles derechos. La que me encantaría grabar en blanco y negro es la escena donde las lágrimas caen iluminándoles de humanidad sus caras mientras leen la denuncia desgarrada y dolorosa de las madres de los muchachos en Soacha. Pobresitos. Deben sentirse culpables y debe aquejarles inmediatamente, a tan ilustres y éticos personajes, la responsabilidad como jefes de estado y representantes del Gobierno y sus políticas. Quiero ver si se rascan las huevas recién levantados ¿le darán de comer a la gallinita para que empolle mas huevitos? ¿Cómo es Santos sin maquillaje y Uribe sin vestido y sombrero vueltiao? Detendría mi fisgoneo cuando me intercepten la señal en vivo que proyectaría por toda la red y cuando mis seguidores en twitter comiencen a advertirme que varias páginas han caducado, correría despavorido con mi pequeña camarita, a esconderme antes de aparecer en la boca del presidente como publicista del terrorismo, así como le ocurrió a Hollman Morris y Claudia Julieta Duque.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Una obra color paz

Una vez hice un mural con niños y niñas. Uno de ellos pintó alrededor de un círculo, que pretendía representar la sociedad, a un hombre. Detalladamente le hizo el vestido comuflado y celebraba con sus amigos sus pintorescas ocurrencias. Le pintó un cuchillo, luego un fusil en la otra mano y sangre regada alrededor. Tuve que reprenderlo y cubrir el fusil y la sangre con color blanco como si nada hubiese ocurrido. El mural era para el público en una plaza central de algún barrio en Bogotá. Simplemente no convenía el dibujo aludiendo a la realidad. Después de la corrección, un par de policías contemplaron por un minuto a los niños pintando el mural cuando uno sorprendido le dijo al otro: !Mire! nos pintaron.. qué gratificante es saber que los niños reconocen a la fuerza pública como parte legítima de la sociedad.

lunes, 3 de mayo de 2010

El negocito de la esquina

Soy un bachiller recién egresado y un buen día, el narcotraficante de mi pueblo seducido por mis buenas notas y tanto rumor sobre mis capacidades mentales -en especial en matemáticas-, me encargó de su recién abierto negocio de préstamos. Con el profe González entendí que la economía es una ciencia social porque pretende regular mercados y preservar el equilibrio entre la oferta y la demanda y su fin es garantizar que la población pueda proveerse de lo mínimo para subsistir. Eso entendí, seré castigado por el tribunal de los hechos si he pecado postulando ésto. Antes de desarrollar mi re-estructuración gerencial a la casa de la esquina, le dije al Don que me trajera todas las secciones económicas de los periódicos de la región, en especial, el de Bogotá. Porque allá esos doctores si saben cómo debe funcionar la economía y el Banco de la República, mi señor emisor, define las macropolíticas desde allá. Me trajo un montón y entonces me encontré en El Tiempo con un titular: "Microcréditos, los más caros" !Ay jijuemadre! ¿como así? pensé. Yo todos estos años feliz con el presidente porque al ser todo más seguro, había confianza para la inversión, y que con la inversión venía el crecimiento económico, y mientras se mantenía la inflación estática, se reducía la pobreza porque aumentaba el empleo y el empredimiento. El Don del pueblo, contento por la bonanza como yo, todos los domingos hacía fiestas y pagaba decenas de putas pa' todos los hombres, en nombre del patrón y su finca, perdón, el presidente y la patria. No entendía qué ocurría. Observé detenidamente la gráfica y la taza más baja de todos los créditos era la de tesorería o "corporativos" (como suena de bonito eso ¿no?) que se otorgan a las grandes empresas. Fui a hablar con el profe Gonzalez, indignado, completamente confundido y desesperanzado ¿Debía cobrarle a mis vecinos entonces los más caros intereses en la casa de la esquina pero al Alcalde, al Personero y a esa empresa de aceite de palma africana otorgarles préstamos bien baratos? Digo bien barato porque las diferencias en las tazas no son cualquier puntito, ni mucho menos un número con unos cuantos ceros a la izquierda y una coma liderando la fila numérica. La taza efectiva anual de microcréditos era de 30,49 y para las grandes empresas de 6,55. Y hagamos la cuenta porque yo sé sumar mejor que todos. Si los préstamos para las grandes empresas son más grandes, menor es la ganancia del ente prestador, o sea mi Don, con semejante taza tan baja. Si mis vecinos quieren comprar gallinitas, vacas y concretar esas ideas emprendedoras que acompañan siempre de un par de canastas de cerveza, no tendría lógica prestar con tazas tan altas porque no tendrían cómo pagarme y mi patrón no ganaría. Eso le comenté al Don, seguro de la solidez de mi idea y la justicia intrínseca en ella, pero me cortó la lengua y las manos por huevón.

miércoles, 28 de abril de 2010

Tributación Egoísta

Cuando llegué a Guayaquil, tuve la oportunidad de ver una gran manifestación ciudadana convocada por el alcalde Nebot. Los periódicos opositores insistían en una discusión presupuestal contra el gobierno central. La misma vaina hermano, pensaba. -Hablarme ya me es natural, no es locura ni mucho menos un hábito, es de pura superviviencia porque conversar en Colombia es jodido (si o no?)-. Vuelvo a mi argumentación ¿recuerdan? La misma vaina hermano! Pues claro que si, la misma vaina de todos los grupos poblacionales cuando tienen un recurso del cual sacan beneficio; lo quieren para ellos y para nadie mas ¿saben cuántos argumentos hay para defender la tesis? Decenas. Nombro dos: derecho a la propiedad privada y el indispensable papel que cumplen los emprendimientos para el crecimiento del PIB. Supongo que en este momento vendrían marchando los argumentos anti neoliberales, anticapitalistas. Pues no. Mejor les cuento la perspectiva del alcalde: Guayaquil es el mayor "tributador" de Ecuador y el gobierno central ha venido repartiendo los recursos a otras regiones que no cuentan con la cantidad y calidad de las actividades económicas de Guayaquil. Sencillo: el estado es regulador de la economía y así garantizar servicios básicos en regiones más pobres es una obligación ¿Cómo lo hace realidad? Transferiendo recursos de un lado al otro, priorizando, haciendo política social. La disyuntiva podría ser comprendida en términos de modelos económicos, incluso de justicia económica: si yo soy el que gano el dinero en mi trabajo y pago los impuestos ¿por qué el estado no invierte esos dineros en mi barrio, en mi parque, en mi ciudad? Se les olvida que el estado es para todos, incluso esos cholos subsidiados por el estado, vagos ignorantes que sólo se quejan para acceder a los programas sociales. A veces coincido con Mockus cuando reduce o fundamenta (el verbo depende del estado de ánimo en el que uno piense el argumento) el problema a la - en la - pedagogía. Si entendiésemos el contrato social que firmamos al cargar la cédula de ciudadanía en la billetera, podríamos hacer a un lado nuestros intereses individuales para pensar por fin en intereses colectivos. La marcha en Guayaquil, además de constituir un gasto enorme por su espectacularidad (seis o mas pantallas gigantes y sonido), pecó por ambición al plantearle un argumento económico a un estado que ha venido procurando priorizar sus gastos para las colectividades históricamente excluidas. Fue una movilización social egoísta con evidentes tintes demagógicos. El reto que tiene Ecuador, Bolivia y Venezuela (pongo los ejemplos para caricaturizar el argumento, por supuesto que Brazil, Colombia, Chile y Argentina también tienen el reto) es hacerle entender a las mayorías subsidiadas que su dignidad se sostiene en el esfuerzo propio, la superación de si mismo, la cooperación y la innovación, que tantos años de gasto presupuestal y esfuerzo gubernamental de nada valen si se acostumbran a vivir fácil, cómodos y sin aspiraciones.